Tomando partido desde la objetividad

No podía empezar este blog sin aclarar una cuestión básica, sin abordar un debate al que muchos nos tenemos que enfrentar a menudo en la calle, en nuestro entorno o en este sinfín de contenidos sin filtro que es la red.

Cada día se vierten acusaciones sobre todo aquel que trata de combatir la desinformación de los mass media y el pensamiento único que nos lanzan desde el poder. Se dice que no somos objetivos porque no somos imparciales, como insinuando que la objetividad reside en la apariencia de imparcialidad, como no dándose cuenta de que a mayor apariencia de neutralidad mayor capacidad de manipulación.

Quiero precisar pues, que no soy imparcial, que tengo opiniones e ideas propias en cuanto que persona que vive y sufre lo que ocurre cada día en la sociedad. Quiero apuntar también que si no soy imparcial es, precisamente, por tratar de buscar la objetividad, a sabiendas de que alcanzarla es del todo imposible. Quiero recordar, por tanto, para quien no lo sepa, que la objetividad y la parcialidad no están reñidas y que no son, ni mucho menos, antagónicas.

Si muchos – cada día más – creemos, objetivamente, en la construcción de una sociedad basada en la igualdad de derechos y oportunidades para todos y todas, ¿por qué hemos de ser neutrales y no posicionarnos, desde la objetividad, contra quien ataca esas ideas de libertad e igualdad? ¿Por qué hemos de informar desde la “distancia” sobre el expolio de derechos que se está llevando a cabo contra la clase trabajadora si somos parte de ella? ¿Por qué tenemos que ser imparciales con quien no lo es, ni mucho menos, con nosotros?

Defiendo y defenderé que hay motivos objetivos de sobra para no ser imparcial. Que hay motivos objetivos más que suficientes para alzar la voz contra quienes pretenden seguir justificando el aumento de la desigualdad social a base de mentiras. Que hay cada día más razones objetivas para no posicionarse del lado de quien sólo sirve al capital. Que hay hechos objetivos que no invitan a otra cosa que a tomar partido en esta encarnizada lucha de clases en la que van ganando los que diseñan la justicia a la medida de unos pocos. Y si van ganando, dicho sea de paso, es precisamente porque los grandes medios se han encargado, con su falta total y absoluta de objetividad, de tratar de privar a toda una sociedad de alcanzar pensamiento crítico alguno, creando borregos que votan por aquellos que defienden intereses contrapuestos a los suyos.

Y en estas, con “la que está cayendo”, esa masa alienada que aún sigue defendiendo a su enemigo, nos tacha a los demás de no ser objetivos porque no somos imparciales. Me niego a contar cómo nos lo roban todo como si fuese una anécdota más del día, me opongo porque rechazo frontalmente la idea de que se normalice el ataque continuado a la sociedad. Y que sepan ustedes que este rechazo lo esgrimo desde mi mayor esfuerzo por acercarme a esa tan mal comprendida objetividad.

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